Vivir es un reto, para sentirte vivo tienes que estar activo, debes tener propósito, metas, obligaciones, responsabilidades, pero el desafío no es simple y llanamente este, es tener el equilibrio de vivir en el presente.
¿A qué llamo vivir en el presente? A disfrutar ahora, a aceptar la vida que tienes ahora, a proponerte metas a corto plazo aunque estas supongan de alguna manera un alcance futuro, pero que no te obliguen a posponer o sacrificar tu presente por un logro futurista.
Voy a explicar esta parte con una anécdota de alguien con quien hablaba hace algunos días, voy a ser detallista para que puedan entender. Vamos a llamarle Manuel. Manuel me comentaba que terminó una relación recientemente, cuando le pregunté las causas de la ruptura, me explicó que no se veía a futuro con esa persona.
Cabe resaltar que su profesión le exije estar en constante movimiento, debe trasladarse a diferentes países con frecuencia. Bien, el motivo principal por el que no se veía con esa persona es porque ella era muy derrochadora, gastaba sin pensar y él no es así, a esto le sigue que ella quería vivir con él en un país X, en el que él ha considerado radicarse en algún momento. La chica empezó a hacer planes futuros y a crearse lo que ella consideraba su propio “cuento de hadas”. Este fue el detonante que terminó en ruptura.
¿Qué pasó por la mente de Manuel? Ella se quiere casar, está buscando casa para que vivamos juntos, mis planes a futuro son crecer profesionalmente, ahorrar, empezar desde cero en un país que no es el mío; entonces no estamos en la misma sintonía, ella quiere dar un salto que yo no estoy dispuesto a dar.
Entonces, a ver si me entendieron con el ejemplo. Manuel tenía una relación estable y que estaba disftrutando en el presente, pero se dejó llevar por la idea futurista de su vida y terminó lo que en el momento le proporcionaba plenitud.

Así nos pasa a diario a cada uno en diferentes escenarios de nuetras vidas, idealizamos tanto el futuro que no apreciamos el presente, que no vivimos el ahora, ya sea en la crianza de nuestros hijos, en el trabajo, en la misma familia. Siempre estamos esperando que el niño hable, que camine, que se valga por si mismo; que nos asciendan en el trabajo, que el jefe reconozca nuestra labor, que nuestra familia nos reconozca, nos halague, en fin vivimos esperando de la vida que deberíamos estar viviendo nos proporcione mayores cosas a largo plazo y dejamos de vivir.
Desde mi propia experiencia y la de personas cercanas, tenemos que aprender a vivir en el presente, a disfrutar la vida que tenemos, a ser agradecidos y amables con quienes nos rodean, a poner a Dios como centro de nuestras vidas y disfrutar porque no sabemos hasta cuando estaremos en esta tierra, si consideráramos eso antes de dedicarnos a hacer fortuna y a dejar para mañana, tendríamos mejor calidad de vida y seríamos más felices.
¡Tenemos que vivir ahora, terrícolas!












